Mis amigos…
Mis amigos no me enseñaron a comer con la boca cerrada, definitivamente,
pero me enseñaron que una reunión de amigos no se compara con ningún otro
evento que pueda comprar el dinero. No me enseñaron a recordar sus cumpleaños,
pero me enseñaron que cualquier excusa es buena para hablarnos, para vernos…
Mis amigos no me enseñaron a ser ubicado, pero me enseñaron
que mi opinión la tengo que defender con la vida. Me enseñaron que en las pequeñas
cosas hay magia y que las ideas nacieron para ser puestas a prueba, con el
intento, todo el tiempo.
Mis amigos olvidaron enseñarme a ser políticamente correcto,
se olvidaron de enseñarme como decirles que los admiro, se olvidaron de
enseñarme que los tengo que saludar el 20 de julio...pero no se olvidaron de
enseñarme que los sueños fueron creados para ser cumplidos y reemplazarlos por
otros sueños. Me enseñaron que el alcohol puede ser un problema, una solución
para giles, o una excusa para compartir un buen momento. Mis amigos se
olvidaron de enseñarme a jugar al futbol, pero me fusilaron los tobillos cuando
intente un caño. Mis amigos me enseñaron que las carcajadas tienen que llegar
hasta los huesos. Mis amigos no me enseñaron sobre geografía ni historia, pero aprendí
con ellos más que con mis docentes del secundario. Mis amigos se equivocaron
cuando quisieron enseñarme a ser un buen tipo, y terminaron enseñándome que ser
quien soy es lo que debo. Mis amigos me enseñaron a caminar por la calle, a
relacionarme con extraños, a conocer la noche, y a esquivar los excesos. Mis
amigos me enseñaron que el esfuerzo es una rutina, y que los logros son solo el
escalón de una escalera que no sabemos dónde termina. Mis amigos no me enseñaron
a perdonar, pero me enseñaron que los malos pensamientos ocupan demasiado
espacio como para darles vida. Mis amigos me enseñaron a jugar a las bolitas,
al truco, a las escondidas, a soportar los video-juegos. Me enseñaron a trepar
a un árbol, a cocinar torta-fritas, y a decir lo que pienso todo el tiempo pese
a quien le pese.